Gino Boschini

Tiempo de guerra, tiempo absurdo

Tiempo de guerra Gino Boschini Mixta 29.5 x 21 c.m. 2025

Tengo más de un año de no subir ninguna entrada a este blog, tal vez por pereza, por falta de tiempo o por ausencia de ideas. Pero aquí estamos de nuevo, compartiendo cosas que pienso, que siento o que vivo, siempre de la mano del arte. 

Lamentablemente el año 2025 se está definiendo como un lapso convulso y cada vez más extremo, para infortunio de la humanidad y de la naturaleza. Y todo por la acción de los intereses mezquinos de quiénes están a la cabeza de los gobiernos de este mundo.

En este desagradable escenario, uno se ve expuesto a mucha información, especialmente ahora que gracias a la tecnología, podemos enterarnos en tiempo real, o en su defecto  casi inmediatamente, de lo que sucede en el mundo. Y nos guste o no, tenemos que estar al tanto, no podemos darnos el lujo de ignorar lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Claro, en tiempos de IA, de desinformación y posverdades,  además de mentiras maquilladas, las noticias y los datos deben leerse con lupa, con todo el criterio posible para intentar definir que es “cierto” o “falso” pues ambos conceptos son relativos.

Pero el motivo de esta publicación no es para reflexionar sobre la calidad de la información; en realidad es un espacio de desahogo, una válvula de escape ante la incertidumbre de todo lo que está pasando en la trama de la realidad mundial, donde el tema central es la guerra: el jinete del caballo rojo en el Apocalipsis. 

La semana pasada en una red social, alguien compartió un video de unos niños víctimas de los tantos ataques militares que han recibido en su país. Lo que vi del video fueron unos segundos.  Niños temblando, con las caras descompuestas del miedo, del hambre, del frío.  Niños que han perdido sus casas, tal vez a sus padres, sus mascotas. Todo lo querido. Niños que están viendo como su mundo es destruido ante sus propios ojos y no tienen ni idea de por qué ese ataque. Imágenes reales, demasiado fuertes. Dolorosas e indignantes. Fue un golpe emocional que me impulsó a manifestar mi sentir por medio del arte. Anoche tomé los materiales que tenía a mano y entré en ese proceso tan difícil de explicar: el dejarse llevar por los sentimientos, luego filtrarlos a través de la técnica y habilidad hasta lograr un resultado que se asemeje a esa nebulosa, esa chispa que es la sustancia primigenia de la obra de arte.

Fue así como empecé a dar forma a este niño que se asemeja más a un zombi, a un fantasma vivo. Me esforcé en proyectar en esta figura no a un niño representativo de alguno de los países actualmente en conflicto, sino  a un ser simbólico, universal y atemporal, más bien una representación de la niñez.  Siempre y en todas partes hubo, hay y habrá niños, pero es en las crisis donde hay violencia, como un conflicto armado, cuando se evidencia más su vulnerabilidad. Este niño “universal” que protagoniza mi obra, sale atado por cuerdas y alambres de púas. Sin libertad, maltratado, invadido y violentado. Me dio miedo y repulsión representarlo así, pero en la guerra no hay medias tintas, ni concesiones. Simplemente no es un concepto que se pueda suavizar, especialmente si se quiere expresar la crueldad de su impacto en poblaciones inocentes. La escena se completa con un fondo caótico, un espacio desordenado y desolado.

Toda mi vida he aborrecido las guerras, afortunadamente nunca he vivido una guerra propiamente dicha, pero con la información que tengo, me es suficiente para no querer saber lo que es esa experiencia marcada por la violencia, la destrucción, la ausencia de libertad y la violación de los derechos humanos, entre todas sus graves consecuencias. 

Actualmente hay varios conflictos armados en distintas partes del mundo, para mi, ninguno es más importante o más grande que otro. En ningún caso se justifica el derramamiento de sangre, ni la aniquilación material, ni las heridas físicas o psicológicas que conlleva esta desgracia de enfrentamientos que en teoría buscan resolver diferencias entre los grupos. Toda guerra es deplorable, sean guerras de origen político, económico o que parten de supuestas bases religiosas. Siempre son la concreción de todo lo peor de los instintos más bajos del ser humanos, sino pregúntenle a las víctimas civiles de cualquiera de los conflictos que están en curso. 

No sé en qué irá a parar la humanidad al paso que va. Nuestro planeta parece un tumor a punto de estallar porque ya la podredumbre que hemos generado está tocando techo. Me gusta fantasear en la idea de que las personas que hacemos arte, tuviéramos las herramientas reales, concretas y efectivas para revertir todo este proceso devastador que está llegando a un colapso total.  Sería maravilloso que con nuestro arte lográramos rescatar al mundo, pero nuestra tarea en ese sentido va por otras rutas. Los que tienen el poder para hacer cambios sustantivos, son los menos interesados: los grandes líderes de saco y corbata, los militarotes de con uniforme verde oliva y tela camuflada, los multimillonarios dueños de las enormes corporaciones que controlan la producción de todo lo que consumimos en el planeta, los líderes religiosos que se valen del fanatismo para detentar su poder. Todos estos protagonistas de la escena mundial son los podrían empezar a reconstruir el mundo. Al final la pregunta es ¿tendrán verdadera voluntad para trabajar juntos en vez de destruir?

Gino Boschini 

Junio 2025

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